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Pulsión

Haaaaaah… shhhhh… haaaah… Inhala profundo por la nariz. Exhala lento por la boca. Haaaaaa… ffffff… Bip… bip… bip… —Relaja tu mente, controla tu cuerpo. Respira por la nariz y suelta por la boca. Solo piensa en el aquí y el ahora. Pronto saldrás de este hospital. Respira nuevamente. —¡Carajo, esto no me funciona! Busco el celular, acurrucado entre las sábanas florales que me trajo mi madre la última vez que pudo visitarme, el domingo. Fue hace dos días o menos. Hoy es martes, pero siento que no nos vemos desde hace meses. El tiempo se vuelve lento en este lugar; el aire se encierra y me asfixio conmigo misma. Abro mi celular flip y trato de escribir con una sola mano, la izquierda, la no dominante. Intento generar una bitácora para que, cuando pueda escribir mejor, no olvide del todo la realidad. A mi libro de memorias no le hacen falta más capítulos, pero hay que añadir cómo es tratado un paciente con TLP durante una hospitalización. ¿Habré dicho que tengo TLP? ¿Cumplimenté un recuadro...

Esperanza

Un rayo de esperanza se filtra por la ventana de nuestro hogar.

En medio de la fiebre y la tos, mi hijo y yo nos descubrimos, reímos, inventamos historias, nos sumergimos en la pantalla del televisor y encarnamos a los personajes de sus muñequitos favoritos. 
Luego nos abrazamos, y el tiempo, cómplice, parece detenerse.

Hoy despertó con una sonrisa,
vitamina secreta para mis días enfermos.

Su “mamá, te amo” expulsa los dolores de mi cuerpo
como un exorcismo luminoso,
dejándome plena, serena, intacta de miedo.

Sus manos pequeñas juegan con mi cabello,
lo moldean como plastilina,
y en ese roce regreso a mi infancia,
cuando la pureza aún no conocía el estruendo
de las ollas convertidas en proyectiles.

En su mirada viajo a lugares apacibles,
donde el amor, la sanidad y la paz respiran. 
En él, en mi hijo, habita la certeza, la esperanza...

MTG 5/9




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