Ir al contenido principal

Destacado

Pulsión

Haaaaaah… shhhhh… haaaah… Inhala profundo por la nariz. Exhala lento por la boca. Haaaaaa… ffffff… Bip… bip… bip… —Relaja tu mente, controla tu cuerpo. Respira por la nariz y suelta por la boca. Solo piensa en el aquí y el ahora. Pronto saldrás de este hospital. Respira nuevamente. —¡Carajo, esto no me funciona! Busco el celular, acurrucado entre las sábanas florales que me trajo mi madre la última vez que pudo visitarme, el domingo. Fue hace dos días o menos. Hoy es martes, pero siento que no nos vemos desde hace meses. El tiempo se vuelve lento en este lugar; el aire se encierra y me asfixio conmigo misma. Abro mi celular flip y trato de escribir con una sola mano, la izquierda, la no dominante. Intento generar una bitácora para que, cuando pueda escribir mejor, no olvide del todo la realidad. A mi libro de memorias no le hacen falta más capítulos, pero hay que añadir cómo es tratado un paciente con TLP durante una hospitalización. ¿Habré dicho que tengo TLP? ¿Cumplimenté un recuadro...

Casado

Hoy me haces recordar nuestro primer encuentro. Aquella noche me vestí de rojo, cubierta de lentejuelas y perlas. Llegaste un poco tarde, excusándote con que se te había dañado la guagua, pero insististe en que lo importante era verme. No sabía a dónde iríamos; estaba emocionada, porque siempre me han gustado las sorpresas.

El destino fue un restaurante francés frente al museo de arte. Qué buen gusto tenías. Me abriste la puerta, me ofreciste tu mano, me ayudaste a sentarme y, con una sonrisa, dijiste: "pide lo que desees". La velada fue hermosa: conversaciones profundas, risas tímidas, velas tenues, buena música, pescado, pato y vino. Todo parecía perfecto, hasta que al llegar la cuenta me pediste: "págala tú, yo te envío el dinero por ATH Móvil". Me sorprendió, pero no dejé que ese detalle arruinara la noche. Minutos después, el dinero había vuelto a mi cuenta, y con él una sensación extraña que preferí ignorar.

Después desapareciste. Siempre me pregunté qué buscabas conmigo: ¿compañía?, ¿alguien que te escuchara? No pasó nada, salvo tu ausencia repentina. Te esfumaste como el vino en nuestras copas. 

Hoy regresas y me confirmas lo que sospechaba cuando nunca volviste a llamar, estabas casado. Yo no lo sabía. Fui actriz principal de una escena que nunca me perteneció. Ahora dices estar divorciado, y otra vez me pregunto: ¿para qué regresas? Amigos. El enojo me invade, el trauma se activa, la ingenuidad me atormenta. Me siento engañada. Si lo que necesitabas era consuelo en una amiga, habría bastado con la verdad.

MTG 29/9



Comentarios

Entradas populares