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Pulsión

Haaaaaah… shhhhh… haaaah… Inhala profundo por la nariz. Exhala lento por la boca. Haaaaaa… ffffff… Bip… bip… bip… —Relaja tu mente, controla tu cuerpo. Respira por la nariz y suelta por la boca. Solo piensa en el aquí y el ahora. Pronto saldrás de este hospital. Respira nuevamente. —¡Carajo, esto no me funciona! Busco el celular, acurrucado entre las sábanas florales que me trajo mi madre la última vez que pudo visitarme, el domingo. Fue hace dos días o menos. Hoy es martes, pero siento que no nos vemos desde hace meses. El tiempo se vuelve lento en este lugar; el aire se encierra y me asfixio conmigo misma. Abro mi celular flip y trato de escribir con una sola mano, la izquierda, la no dominante. Intento generar una bitácora para que, cuando pueda escribir mejor, no olvide del todo la realidad. A mi libro de memorias no le hacen falta más capítulos, pero hay que añadir cómo es tratado un paciente con TLP durante una hospitalización. ¿Habré dicho que tengo TLP? ¿Cumplimenté un recuadro...

Amo

Amo los sábados por la mañana, el café recién colao, la caminata entre veredas, riachuelos y montañas, como las jíbaras de mis ancestras, quienes eran una con la tierra.

Amo el verdor de mi isla, los arcoiris que nacen tras la lluvia, las gotas que caen suavemente sobre mi espacio, como pinceladas que el cielo regala, aportando belleza y vida.

Amo la sonrisa de mi hijo, sus manitas tiernas sobre las mías, sus palabras que me envuelven como un abrazo tierno que me arropa y eleva.

Amo el arte, las pinturas, las esculturas, lo abstracto y lo barroco, lo clásico en paredes, en libretas, en museos, como un idioma secreto donde el alma conversa sin palabras.

Amo las letras, la maquinilla, los teclados, los libros que esperan en las bibliotecas antiguas y modernas, como faros que encienden su luz en medio de mis tormentas.

Amo la universidad, sus pasillos y estudiantes, su cultura y complejidad, los debates que encienden el pensamiento crítico, como fuegos donde cada idea chispea en el aire.

Amo los aeropuertos, los aviones, los destinos aún desconocidos; la adrenalina de lo nuevo, lo oculto, lo especial, como puertas mágicas que me invitan a renacer en otros paisajes.

Amo la buena comida, la que viaja de la tierra a la mesa; amo las manos que la preparan y transforman los ingredientes en arte y memoria, como poemas comestibles que se escriben en el paladar.

Amo disfrutar de un buen restaurante como disfruto de una mesa familiar, donde cada plato es un puente, cada sabor un relato, cada aroma un viaje secreto.

Amo lo simple y lo profundo, lo que se toca y lo que se sueña. Amo lo que me recuerda quién soy y lo que me invita a descubrirme de nuevo. 
Porque en cada amanecer, en cada rostro, en cada palabra, la vida me susurra, amar es la mejor forma de habitar el mundo.

MTG 13/9



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