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Pulsión

Haaaaaah… shhhhh… haaaah… Inhala profundo por la nariz. Exhala lento por la boca. Haaaaaa… ffffff… Bip… bip… bip… —Relaja tu mente, controla tu cuerpo. Respira por la nariz y suelta por la boca. Solo piensa en el aquí y el ahora. Pronto saldrás de este hospital. Respira nuevamente. —¡Carajo, esto no me funciona! Busco el celular, acurrucado entre las sábanas florales que me trajo mi madre la última vez que pudo visitarme, el domingo. Fue hace dos días o menos. Hoy es martes, pero siento que no nos vemos desde hace meses. El tiempo se vuelve lento en este lugar; el aire se encierra y me asfixio conmigo misma. Abro mi celular flip y trato de escribir con una sola mano, la izquierda, la no dominante. Intento generar una bitácora para que, cuando pueda escribir mejor, no olvide del todo la realidad. A mi libro de memorias no le hacen falta más capítulos, pero hay que añadir cómo es tratado un paciente con TLP durante una hospitalización. ¿Habré dicho que tengo TLP? ¿Cumplimenté un recuadro...

Instante

Las palomas se posan en la verde loma con vista al mar. Allí, un señor de unos setenta y cinco años, con el cabello teñido de cobre por los años, espejuelos oscuros, marcas en la piel y una sonrisa serena, las alimenta. Cada segundo llegan más, hasta formar un grupo de cincuenta. Cuando él se aleja, ellas también lo hacen. Vuelan en bandada hacia el horizonte, regresan, insisten.

—No hay más —les dice el amable señor, mostrando la parangana mohosa, gastada por los años, ya vacía.

Yo, desde mi guagua, contemplo la escena y recuerdo lo hermoso de las pequeñas acciones. La felicidad escondida en los detalles simples. Sigo mirando cómo las olas bailan con el mar y pienso en mis propias mareas internas. A veces siento que las emociones me arrastran como un mar tempestuoso, pero escenas como esta me recuerdan que también existen remansos de calma para reconocer la bondad.

MTG






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