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Instante
Las palomas se posan en la verde loma con vista al mar. Allí, un señor de unos setenta y cinco años, con el cabello teñido de cobre por los años, espejuelos oscuros, marcas en la piel y una sonrisa serena, las alimenta. Cada segundo llegan más, hasta formar un grupo de cincuenta. Cuando él se aleja, ellas también lo hacen. Vuelan en bandada hacia el horizonte, regresan, insisten.
—No hay más —les dice el amable señor, mostrando la parangana mohosa, gastada por los años, ya vacía.
Yo, desde mi guagua, contemplo la escena y recuerdo lo hermoso de las pequeñas acciones. La felicidad escondida en los detalles simples. Sigo mirando cómo las olas bailan con el mar y pienso en mis propias mareas internas. A veces siento que las emociones me arrastran como un mar tempestuoso, pero escenas como esta me recuerdan que también existen remansos de calma para reconocer la bondad.
MTG
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