Ir al contenido principal

Destacado

Pulsión

Haaaaaah… shhhhh… haaaah… Inhala profundo por la nariz. Exhala lento por la boca. Haaaaaa… ffffff… Bip… bip… bip… —Relaja tu mente, controla tu cuerpo. Respira por la nariz y suelta por la boca. Solo piensa en el aquí y el ahora. Pronto saldrás de este hospital. Respira nuevamente. —¡Carajo, esto no me funciona! Busco el celular, acurrucado entre las sábanas florales que me trajo mi madre la última vez que pudo visitarme, el domingo. Fue hace dos días o menos. Hoy es martes, pero siento que no nos vemos desde hace meses. El tiempo se vuelve lento en este lugar; el aire se encierra y me asfixio conmigo misma. Abro mi celular flip y trato de escribir con una sola mano, la izquierda, la no dominante. Intento generar una bitácora para que, cuando pueda escribir mejor, no olvide del todo la realidad. A mi libro de memorias no le hacen falta más capítulos, pero hay que añadir cómo es tratado un paciente con TLP durante una hospitalización. ¿Habré dicho que tengo TLP? ¿Cumplimenté un recuadro...

Insomnio

Con los ojos bien abiertos, como quien cuida de su más preciado tesoro, pasé toda la noche en vela. Iba y venía de la cama al mueble, buscando respuestas automáticas a tu dolor, creyendo que así se me abrirían las compuertas del pensamiento, como si el cerebro fuera un río contenido que, al desbordarse, me regalara claridad para decidir.

Tus toses me hacían correr a tus brazos; buscabas consuelo en mí, y yo en el nebulizador que dejé justo bajo tus pies en la cama.

—¿Estás bien? —te preguntaba.

—Sí, mamá, estoy bien —respondías con esa determinación y fuerza que has tenido que cargar con apenas cuatro años, después de aquellos meses largos en el hospital por tus problemas respiratorios.

Te dormías en mi falda, y yo escuchaba cómo de tu pecho brotaban rugidos que parecían demasiado grandes para tu edad. Tu respiración era un mar agitado, con olas que por momentos se alzaban y me hacían temer que se tragaran tu aliento. Y yo, aquí, impotente, preguntándome por qué no estudié medicina, cuestionándome por no ser perfecta para ti, castigándome por no haber sabido elegir un padre que, en noches como esta, nos acompañara.

La soledad se confundió con la preocupación, y entre tus brazos pequeños hallé mi único refugio. Así, abrazados, nos venció el sueño, como si el amanecer nos hubiera dado una tregua.

MTG 31/8



Comentarios

Entradas populares