Destacado
- Obtener vínculo
- X
- Correo electrónico
- Otras apps
Insomnio
Con los ojos bien abiertos, como quien cuida de su más preciado tesoro, pasé toda la noche en vela. Iba y venía de la cama al mueble, buscando respuestas automáticas a tu dolor, creyendo que así se me abrirían las compuertas del pensamiento, como si el cerebro fuera un río contenido que, al desbordarse, me regalara claridad para decidir.
Tus toses me hacían correr a tus brazos; buscabas consuelo en mí, y yo en el nebulizador que dejé justo bajo tus pies en la cama.
—¿Estás bien? —te preguntaba.
—Sí, mamá, estoy bien —respondías con esa determinación y fuerza que has tenido que cargar con apenas cuatro años, después de aquellos meses largos en el hospital por tus problemas respiratorios.
Te dormías en mi falda, y yo escuchaba cómo de tu pecho brotaban rugidos que parecían demasiado grandes para tu edad. Tu respiración era un mar agitado, con olas que por momentos se alzaban y me hacían temer que se tragaran tu aliento. Y yo, aquí, impotente, preguntándome por qué no estudié medicina, cuestionándome por no ser perfecta para ti, castigándome por no haber sabido elegir un padre que, en noches como esta, nos acompañara.
La soledad se confundió con la preocupación, y entre tus brazos pequeños hallé mi único refugio. Así, abrazados, nos venció el sueño, como si el amanecer nos hubiera dado una tregua.
MTG 31/8
- Obtener vínculo
- X
- Correo electrónico
- Otras apps

Comentarios
Publicar un comentario