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Pulsión

Haaaaaah… shhhhh… haaaah… Inhala profundo por la nariz. Exhala lento por la boca. Haaaaaa… ffffff… Bip… bip… bip… —Relaja tu mente, controla tu cuerpo. Respira por la nariz y suelta por la boca. Solo piensa en el aquí y el ahora. Pronto saldrás de este hospital. Respira nuevamente. —¡Carajo, esto no me funciona! Busco el celular, acurrucado entre las sábanas florales que me trajo mi madre la última vez que pudo visitarme, el domingo. Fue hace dos días o menos. Hoy es martes, pero siento que no nos vemos desde hace meses. El tiempo se vuelve lento en este lugar; el aire se encierra y me asfixio conmigo misma. Abro mi celular flip y trato de escribir con una sola mano, la izquierda, la no dominante. Intento generar una bitácora para que, cuando pueda escribir mejor, no olvide del todo la realidad. A mi libro de memorias no le hacen falta más capítulos, pero hay que añadir cómo es tratado un paciente con TLP durante una hospitalización. ¿Habré dicho que tengo TLP? ¿Cumplimenté un recuadro...

Imaginario

Confundida entre lo real y lo imaginario, veo gente bailando frente a mis ojos.

Cuerpos inmóviles en una silla que, en mi mente, se mueven con libertad,
mientras consumen sorbos de café con aroma a positivismo.

Veo puentes altos.
Una persona se presigna antes de entregarse al vacío,
cuerpo en movimiento que avanza por el borde del abismo.
Desde abajo me pregunto si busca llegar a su destino
o si más bien anhela terminar con sus días.

Lo contemplo en silencio,
hasta que mi imaginación me sacude con la realidad
y me obliga a continuar mi propio camino.

A unos pasos, me detengo en el mismo lugar de siempre.
Abro la puerta y camino a buscar a mi hijo en el colegio.
Los padres y las madres, sonrientes, me reciben llenos de amabilidad, entusiasmo y alegría.
En coro me desean buenas tardes.
Ante la velocidad y la fugacidad del mundo,
recibo esas palabras como música para mis oídos.

A lo lejos, la alarma de un auto rompe el instante.
Despierto de la dicotomía entre lo real y lo imaginario.
Giro ciento sesenta grados y ahí siguen ellos, en sus vidas agitadas:
unos pendientes al celular, otros con las manos cruzadas.
La fila crece con nuevas personas,
pero los saludos escasean.

Y nuevamente me pregunto:
¿qué es real y qué es imaginario?
¿Bailar, vivir, ser feliz…
o estar inmóvil, infeliz y morir?

MTG



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