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Pulsión

Haaaaaah… shhhhh… haaaah… Inhala profundo por la nariz. Exhala lento por la boca. Haaaaaa… ffffff… Bip… bip… bip… —Relaja tu mente, controla tu cuerpo. Respira por la nariz y suelta por la boca. Solo piensa en el aquí y el ahora. Pronto saldrás de este hospital. Respira nuevamente. —¡Carajo, esto no me funciona! Busco el celular, acurrucado entre las sábanas florales que me trajo mi madre la última vez que pudo visitarme, el domingo. Fue hace dos días o menos. Hoy es martes, pero siento que no nos vemos desde hace meses. El tiempo se vuelve lento en este lugar; el aire se encierra y me asfixio conmigo misma. Abro mi celular flip y trato de escribir con una sola mano, la izquierda, la no dominante. Intento generar una bitácora para que, cuando pueda escribir mejor, no olvide del todo la realidad. A mi libro de memorias no le hacen falta más capítulos, pero hay que añadir cómo es tratado un paciente con TLP durante una hospitalización. ¿Habré dicho que tengo TLP? ¿Cumplimenté un recuadro...

Hervor

La salsa criolla bullía en el sartén, ya lista. Mientras tanto, la pasta hervía con fuerza en la olla. Enrollé uno de los cabellos de ángel en el tenedor. Le faltaban unos cinco minutos para estar al dente.

Entonces sonó el teléfono. Una llamada anunció que ya venían a buscarme. Recogí mi cartera, me coloqué los lentes, salí de casa, y cerré mi mente y la puerta tras de mí. Me monté en el auto, dejándome llevar por la tranquilidad que me producía el no tener que manejar.

Ya en camino a mi destino, un pensamiento me atravesó como un rayo: no he comido. Algo no cuadra. La alarma se activa en mi cabeza. Intento recordar qué hacía justo antes de salir. Ah, sí. La pasta. ¿Apagué la estufa? ¿O la dejé encendida? ¿Estará todo ahora envuelto en llamas?

Como niña asustada, busco consuelo en la voz de mi padre.
—Papá… ¿qué pasa si dejé la estufa prendida?
—Se quema la casa. Hay que virar.

La escena se enciende en mi mente: la cocina ardiendo, el techo cediendo, los vecinos corriendo. El fuego no solo se extiende sobre la casa:
enciende ese rincón oscuro donde vive mi ansiedad.

El pánico se apodera de mí. Me desbordo. El auto se desliza por la carretera húmeda y rota, como si compitiera con el tiempo.

Llegamos. La llave tiembla en mi mano. Abro la puerta. Corro. Siento mareos, náuseas, ansiedad. El aire parece cortarse.

La estufa está apagada.
La pasta… cocida con el calor.

MTG





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