Ir al contenido principal

Destacado

Pulsión

Haaaaaah… shhhhh… haaaah… Inhala profundo por la nariz. Exhala lento por la boca. Haaaaaa… ffffff… Bip… bip… bip… —Relaja tu mente, controla tu cuerpo. Respira por la nariz y suelta por la boca. Solo piensa en el aquí y el ahora. Pronto saldrás de este hospital. Respira nuevamente. —¡Carajo, esto no me funciona! Busco el celular, acurrucado entre las sábanas florales que me trajo mi madre la última vez que pudo visitarme, el domingo. Fue hace dos días o menos. Hoy es martes, pero siento que no nos vemos desde hace meses. El tiempo se vuelve lento en este lugar; el aire se encierra y me asfixio conmigo misma. Abro mi celular flip y trato de escribir con una sola mano, la izquierda, la no dominante. Intento generar una bitácora para que, cuando pueda escribir mejor, no olvide del todo la realidad. A mi libro de memorias no le hacen falta más capítulos, pero hay que añadir cómo es tratado un paciente con TLP durante una hospitalización. ¿Habré dicho que tengo TLP? ¿Cumplimenté un recuadro...

Destino


Castellanos, Plath, Shelley, Wurtzel, Woolf... al igual que ellas me pregunto si esto pasará, si algún día lograré sanarme, si podré amar de verdad, si sentiré paz... si alguna vez seré normal. ¿Pero qué es ser normal? Quizás la normalidad fue solo un espejismo que nunca estuvo destinado para nosotras, las que escribimos con la herida abierta. Quizás nuestro destino sea sufrir para que otras caminen libres, por senderos iluminados, ya marcados, no oscuros como los nuestros.

Las lágrimas caen como si el océano necesitara más agua, mientras las letras en mi teclado bailan, borrosas, al compás de mi canción. Me detengo. Intento sonreír de medio lado. Entonces escucho la voz de mi hijo rompiendo mi silencio:

—Mamá, mamá, mamá… estoy solo.

La frase queda suspendida en el aire, retumbando como un eco que me sacude, que me ancla. Estoy solo. Respiro. Estoy aquí. Sigo escribiendo. No puedo detenerme.
De alguna manera tengo que canalizar el dolor que llevo dentro: la angustia, la ira, el desamor, la soledad.

Me detengo. Miro mi brazo rayado por los intentos de ver sangre. Pienso en que no merezco esto, ni aquello, ni lo que tuve y ya perdí. He dañado a tantas personas y, en el intento, me he matado a mí. Pero sigo aquí: viva en mis cicatrices, viva en mis palabras.

MTG





Comentarios

Entradas populares