Ir al contenido principal

Destacado

Pulsión

Haaaaaah… shhhhh… haaaah… Inhala profundo por la nariz. Exhala lento por la boca. Haaaaaa… ffffff… Bip… bip… bip… —Relaja tu mente, controla tu cuerpo. Respira por la nariz y suelta por la boca. Solo piensa en el aquí y el ahora. Pronto saldrás de este hospital. Respira nuevamente. —¡Carajo, esto no me funciona! Busco el celular, acurrucado entre las sábanas florales que me trajo mi madre la última vez que pudo visitarme, el domingo. Fue hace dos días o menos. Hoy es martes, pero siento que no nos vemos desde hace meses. El tiempo se vuelve lento en este lugar; el aire se encierra y me asfixio conmigo misma. Abro mi celular flip y trato de escribir con una sola mano, la izquierda, la no dominante. Intento generar una bitácora para que, cuando pueda escribir mejor, no olvide del todo la realidad. A mi libro de memorias no le hacen falta más capítulos, pero hay que añadir cómo es tratado un paciente con TLP durante una hospitalización. ¿Habré dicho que tengo TLP? ¿Cumplimenté un recuadro...

Alucino

 Ante mis ojos, el fuego se abre paso en mi vehículo. Un olor, mezcla indescifrable de azufre, gasolina y quemado, se apodera de mis sentidos. Me estaciono y, con la voz temblorosa, marco el número de mi padre.

—Papá, se quema la guagua —atiné a decir.

En el retrovisor, el humo se alza desde el mofle. Pero yo permanezco inmóvil, sin reacción, gastando mi última energía en describirle a mi padre lo que me sucedía. Espero con ansias mi muerte. No sucede. Nada pasa.

Días después, siento cómo golpeo fuerte un vehículo que se encontraba estacionado justo detrás del mío. Retrocedo con fuerza, con rabia, con resentimiento y dolor. Las alarmas no suenan. El sensor no cambia de color. El impacto es mudo, como si el mundo se negara a reconocerlo.

Desciendo, confundida. Observo ambos vehículos: los dos intactos. Como si nada hubiera pasado. Como si todo hubiera ocurrido solo dentro de mí.

Manejo con temblor, con ansiedad, con hambre de paz. Observo el carril contrario buscando una escapatoria a mi realidad. No la hallo. Intento regresar a mi carril, pero el miedo se apodera de mí: veo fuego, choques, daño, fin.

Me aparco en la orilla de la carretera. Aprieto el guía con fuerza, apoyo mi cabeza sobre él. Cierro los ojos… y todo se apaga, por un instante.

MTG







Comentarios

Entradas populares