Ir al contenido principal

Destacado

Pulsión

Haaaaaah… shhhhh… haaaah… Inhala profundo por la nariz. Exhala lento por la boca. Haaaaaa… ffffff… Bip… bip… bip… —Relaja tu mente, controla tu cuerpo. Respira por la nariz y suelta por la boca. Solo piensa en el aquí y el ahora. Pronto saldrás de este hospital. Respira nuevamente. —¡Carajo, esto no me funciona! Busco el celular, acurrucado entre las sábanas florales que me trajo mi madre la última vez que pudo visitarme, el domingo. Fue hace dos días o menos. Hoy es martes, pero siento que no nos vemos desde hace meses. El tiempo se vuelve lento en este lugar; el aire se encierra y me asfixio conmigo misma. Abro mi celular flip y trato de escribir con una sola mano, la izquierda, la no dominante. Intento generar una bitácora para que, cuando pueda escribir mejor, no olvide del todo la realidad. A mi libro de memorias no le hacen falta más capítulos, pero hay que añadir cómo es tratado un paciente con TLP durante una hospitalización. ¿Habré dicho que tengo TLP? ¿Cumplimenté un recuadro...

Oscilación

Hoy la oficina blanca tenía más color de lo habitual. Un pesebre decoraba el escritorio de la secretaria y, en la puerta de entrada, un Papá Noel de casi cuatro pies daba la bienvenida sin decir palabra. De fondo, música navideña instrumental. Yo dejé en casa los mahones de la primera cita y esta vez me atreví a usar una falda negra con una abertura lateral que dejaba ver mi muslo izquierdo, combinada con una chaqueta rosa.

Luego de unos segundos me senté en la misma silla crema y esperé a que me llamaran. Abrí un libro, lo hojeé, decidí leerlo. Pasaron diez minutos, cuarenta, una hora y quince… hasta que finalmente escuché que pronunciaban mi nombre. Entré a la oficina y me acomodé en el sillón gris, o al menos así lo recuerdo. Tan pronto me sentaba, mis ojos se fundían con los de aquel hombre que emitía sabiduría por los labios. Me pregunté qué hacía allí, por qué con esa ropa. ¿Acaso no eran las mismas preguntas de la primera vez?

—¿Cómo te encuentras?
—Bien.
—¿Y tu hijo?
—Excelente.

La conversación comenzó tímida. Seguía batallando con la idea de estar allí, como si mi mente se quedara en el pasillo cuestionándose la razón de estar en aquel lugar y mi voz rebelde se colara sin mi autorización en la oficina. De pronto ya salían sonidos de mi boca de sexo, de psicólogas, de sexólogas, de alcohol, de masturbación, de vasectomía… Hablamos durante una hora y quince minutos.

La sesión terminó y me levanté del sillón con una pereza extraña, como quien quisiera quedarse un poco más hasta desnudarse el alma completa.

Al levantarme me miró la ropa, no de forma obvia, pero lo suficiente como para que yo lo notara.

—¿Vas a trabajar después de aquí tan elegante? —preguntó.
—No. Solo… me gusta vestirme bonita, me hace sentir bien.

Abrí la puerta, hice la transacción bancaria para pagarle a la secretaria. Salí de ese lugar más aturdida de lo que entré. En tan poco tiempo le conté a ese hombre —con título de psicólogo— mis traumas, y luego sonó el reloj: la terapia terminó. ¿Me habrá hechizado, practicó conmigo un trabajo de hipnosis o su inteligencia me flechó el hipotálamo? 

MTG 3/12



Comentarios

Entradas populares